Rafael Arrieta, a 131 años de su natalicio

Rafael Arrieta nació en el año 1889, en la localidad de Rauch, provincia de Buenos Aires. Durante sus primeros años viajó a Europa, donde transitó gran parte de su infancia. Allí adquirió su formación estética que, años más tarde, lo llevarían a ser un referente literario, reconocido por su prosa heredera de la corriente modernista fundada por Rubén Darío.

A su regreso, estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires y en la UNLP. Siendo aún muy joven, Joaquín V. González lo nombró profesor de Literatura en el CNLP, donde comenzó su carrera docente.

Por aquellos años volcó su vocación por la lírica en obras como Alma y Momento (1910), El espejo de la fuente (1912) y Las noches de oro (1917). Su pluma se caracterizó por las formas métricas tradicionales, por su empeño en entronizar la sencillez lírica y su sutil captación de la realidad cotidiana. Su particular estilo lo llevó a destacarse en el mundo de las letras, incluso, como ya señaláramos, en el movimiento modernista.

En el año 1918, funda y dirige Atenea, revista de Letras, Filosofía y Artes, patrocinada por la Asociación de Ex Alumnos del Colegio Nacional. El propósito de la publicación era reunir a todas las promociones que habían pasado por el Colegio Nacional desde su fundación.

Marcada por la época, Atenea representaba en cada una de sus páginas el espíritu universitario y el canal por donde circulaban las ideas reformistas. En la primera edición, publicada el 1° de marzo de 1918, Alejandro Korn escribió el artículo Incipit vita nova, texto que poco después, se convirtió en bandera de lucha de la juventud reformista.

En relación a la importancia de la revista y su conformación, Rafael Arrieta explicó: “Tuvo nombre mítico: Atenea, la diosa urbana, símbolo del poder de la inteligencia; nombre que a un tiempo evocaba el nacimiento repentino de la ciudad en 1882 y su transfiguración en acrópolis universitaria”.

Fue profesor en la Facultad de Humanidad y Ciencia de la UNLP (donde también fue vice decano), además obtuvo cátedras de literatura extranjera en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y en el Instituto Nacional del Profesorado secundario. Pero la mayoría de su carrera docente la transitó en el Colegio Nacional, donde además fue rector entre los años 1928 y 1932.  

Supo articular su pluma con las aulas, ya que nunca dejó de escribir. “Entre los 20 y los 40 años esculpió libros de una impecable perfección forma, que lo revelaron dueño de una voz diferenciada y un tono sereno, recogido, que contrastaba con él exotismo y el énfasis entonces en boga entre los seguidores de Rubén Darío” señalan en la Enciclopedia de la Literatura Argentina.

Se convirtió así en un reconocido crítico de la literatura argentina y su biblioteca particular llegó a reunir las primeras ediciones de los grandes clásicos argentinos. Su colección llegó a ser una de las más ricas de nuestro país.

Dentro de sus publicaciones en prosa se destacan las obras: Las hermanas tutelares (1924); Ariel corpóreo (1926); Dickens y Sarmiento (1928); El encantamiento de las sombras (1928); Presencia (1936); Estudios en tres literaturas (1939); Tiempo cautivo (1955); Introducción al modernismo literario (1956) y Lejano Ayer (1957) entre otros. En sus últimos años de vida trabajó en la dirección de una “Historia de la literatura argentina” que se publicó en seis tomos.

Rafael Alberto Arrieta falleció en Buenos Aires, en el año 1968.

Con motivo del 102 aniversario de la reforma universitaria, el Archivo General del CNLP emprendió la tarea de digitalizar e inventariar la documentación del Colegio que conforman una parte importante de nuestra historia. Compartimos la primera publicación de la Revista Atenea.